El vino en México


“El vino es la luz del sol, unido por el agua”

Galileo Galilei

 Queda claro que este gran científico no podía estar más en lo cierto, y en México si algo bueno tenemos, es tierra y clima.

 

A pesar de ser considerado como un país “joven” en el tema de la producción vinícola, el vino en México tiene una historia más larga de lo que se podría pensar. Mucho antes de la llegada de los españoles, ya existían algunas vides silvestres en el continente americano. Los pobladores ya comían los frutos y bebían su jugo que, con el paso de los días, fermentaba de manera natural.

El vino formaba parte indispensable de la dieta de los españoles, quienes se encargaron de traerlo al nuevo continente a partir de su descubrimiento en 1492. Aproximadamente 32 años después, fue tal su necesidad de consumo, que Hernán Cortés mandó plantar 100 vides por cada indígena en la Nueva España.

Este vino se volvió tan popular que el territorio Ibérico ardió en recelo y más de un siglo después de su descubrimiento, se arrancaron y quemaron todos los viñedos de lo que hoy es nuestro país.

Afortunadamente en 1597, con el mero pretexto religioso, Hacienda San Lorenzo -actualmente Casa Madero- convenció a la corona de permitir la cosecha de la uva. Así fue como se le otorgó un permiso para la producción de vino de consagración, convirtiéndose en el viñedo más antiguo de América. A partir de ahí, todo es historia.

Hoy en día, México cuenta con más de 32 mil hectáreas de viñedo; sin embargo, solo 6,474 de ellas son de vitis vinífera, la uva utilizada para la elaboración de vino. El Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV) dice que Baja California es el estado responsable de la producción de al menos un 85% del vino nacional. En conjunto con el resto de los 11 estados productores, resultan en un poco más de 393 mil hl anuales. Cifra que ni siquiera compite contra los 48.8 millones de hl de Italia, el mayor productor a nivel mundial.

Hasta hace un par de años, el consumo per cápita de vino en nuestro país era de apenas 750 ml. Gracias al reciente crecimiento, la SAGARPA estimó 964 ml para el 2018. El 30% de los vinos consumidos se produjeron en suelo nacional (CMV). De este porcentaje, al menos un 64% es tinto, mostrando la indudable inclinación de la población mexicana hacia este estilo de vino.

Nuestros padres y abuelos tendían a elegir vino europeo, principalmente español. Afortunadamente, ha mejorado mucho la calidad del vino nacional, aumentando su consumo. Es cierto que el gobierno suele hacer de este proceso de crecimiento algo complicado, el tema de los impuestos es aún algo por lo que pelear, pero definitivamente vale la pena.

¡Apoyemos al productor nacional, bebamos vino mexicano!

 


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