Cuatro sencillos pasos para darle el visto bueno al vino en un restaurante


“Para conocer el origen y la calidad del vino no hay necesidad de beber todo el barril.”

Oscar Wilde

vino tinto restaurante

Se dice que el mejor servicio es aquel que ni siquiera se nota. En el mundo gastronómico, todo debe fluir a un ritmo preciso, que le permita al comensal vivir la mejor experiencia; sin embargo, hay ciertos protocolos que podrían parecer confusos y desconcertantes. A continuación te presentamos 4 sencillos pasos a seguir para darle el visto bueno a tu vino:

1) Verificar que sea la botella que hemos pedido

Después de analizar meticulosamente la carta y elegir el vino que mejor convenga, la botella llega a la mesa. El encargado muestra la etiqueta, ansioso de conocer el veredicto. Lo primero y más importante es verificar que efectivamente sea el vino que se haya solicitado. Los errores en este punto son mucho más comunes de lo que se podría pensar, especialmente si el restaurante ofrece varias etiquetas del mismo productor.

Posteriormente, el mesero descorcha la botella, sirve apenas un trago en la copa y nos mira fijamente esperando una respuesta. Para este punto ya hay docenas de pensamientos pasando a 100 km por hora en nuestra mente, pero todo es mucho más sencillo de lo que parece. La intención de este ritual es simplemente corroborar que el vino se encuentre en buen estado.

2) Revisar que el corcho no tenga hongos o esté demasiado reseco

Al igual que en una cata, debe realizarse una breve evaluación sensorial. Lo primero es revisar que el corcho no tenga hongos o esté demasiado reseco, ya que eso puede hablar sobre una botella que no se almacenó correctamente, y es posible que el vino ya no se encuentre en óptimas condiciones. Sin embargo, un corcho no siempre es razón suficiente para rechazar una botella, lo recomendable es seguir con el análisis.

3) Observar el color del vino, olerlo y degustarlo

Lo siguiente es observar el color del vino, éste debe ser coherente con su edad. Un vino joven tiende a ser brillante, mientras que uno más maduro suele perder luminosidad. Después, es indispensable descartar defectos, el vino tiene que oler y saber bien.

Existe una gran variedad de enfermedades o fallos que pueden alterar negativamente a esta deliciosa bebida. Los más comunes son dos; si el vino huele a vinagre, es posible que se haya oxidado y no sabrá bien. Por otro lado, si su olor es parecido al de un trapo mojado, entonces lo más seguro es que haya sido contaminado con el famoso TCA (tricloroanisol). Este hongo afecta a una de cada diez bodegas y es causado por una limpieza ineficiente.

Si la botella tiene algún defecto, el establecimiento está obligado a cambiarla. Pero hay que ser muy objetivos, diferenciando entre un mal vino y otro que sí se encuentra en buenas condiciones pero que no fue de nuestro agrado.

4) Controlar la temperatura

Por último, hay que asegurarse que el vino ordenado se beba a la temperatura adecuada. Cada vez es más común que el restaurante cuide esos detalles de servicio; sin embargo, es totalmente válido solicitar una enfriadera para cualquier tipo de vino, si es así como te gusta degustarlo.


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