¿Cómo elegir mi vino en un restaurante?


“La comida es la parte material de la alimentación, pero el vino es la parte espiritual de nuestro alimento”

-Alejandro Dumas

Elegir vino en un restaurante

Cuando el vino va de la mano de excelente compañía y buena comida, se convierte en una experiencia inolvidable. Esto es algo que los restaurantes buscan promover, cada vez más, entre sus comensales. Sin embargo, las extensas cartas y los nombres sofisticados hacen que ordenar una botella parezca una hazaña arriesgada. Esta tarea es mucho más sencilla de lo que se cree y el secreto está en seguir tres simples pasos.

Antes de comenzar es importante identificar quiénes son nuestros acompañantes y cuál es la ocasión. Muchas veces se cree que esta bebida es únicamente para celebraciones. Claro está que hay etiquetas para festejar, pero también hay otro tipo de situaciones que ameritan su propia botella. Desde una comida de negocios hasta una cena entre amigos, cualquier circunstancia es el pretexto ideal para disfrutar de un buen vino.

Alguna vez leí que definitivamente, lo mejor es actuar con naturalidad y disfrutar de un vino libre de complejos. Para ello, lo más fácil será elegir un tipo de vino (1). Ya sea un blanco, espumoso, rosado o tinto, la elección depende de las preferencias del grupo y de los platillos que se vayan a degustar.

Es indispensable considerar que cuando se trata de una gran reunión, no todos ordenarán lo mismo, por lo que será casi imposible encontrar el vino que maride con cada plato. Pero siempre se puede encontrar alguno que se acople a la mayoría; en este caso, las burbujas pueden ser el mejor aliado.

El siguiente paso es uno de los parámetros más importantes durante la selección, el presupuesto (2). Cuando se logra fijar el precio que se está dispuesto a pagar en esa ocasión, las opciones se reducen bastante. En este punto es bueno escuchar el consejo del sommelier, permitiéndole guiar nuestra experiencia. Él conocerá perfectamente la oferta del restaurante, tanto en un tema enológico como gastronómico.

Una vez que se tienen un estilo y un presupuesto, se puede elegir un país o una variedad (3) específica. En este momento, una posibilidad es inclinarse por lo conocido. Cuando hay demasiadas opciones, se puede jugar en el lado seguro de la situación y simplemente enfocarse en aquellos que ya se hayan probado.

Por otro lado, si eres de los que no se preocupa por tomar riesgos y que busca nuevas experiencias, la decisión puede basarse en los vinos menos conocidos. Seguir la recomendación del encargado del servicio, podría resultar bastante útil. Otra muy buena opción es elegir vino por copeo; que abre las puertas a un gran número de posibilidades, de perfiles y precios distintos.

El mejor consejo es no tener miedo. Sin importar cuál sea la decisión final… lo trascendente es probar, compartir y aprender de la experiencia, para futuras selecciones.  


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